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Kepashiato, ¿un país para todos?

Publicado: 2012-04-16

El domingo 5 de marzo del 2006 escuché de Kepashiato por primera vez. Un accidente en el ducto de líquidos de Camisea. Empezó la especulación, los políticos se subieron al carro y se armó el escándalo. Por ello, con Pilar Mazetti, ministra de Salud, Iris Cárdenas, directora de Asuntos Ambientales del MINEM y representantes de la empresa, llegamos a Kepashiato, centro poblado menor de Echarate, en la Convención, Cusco. Allí confirmé que la ausencia del Estado es probablemente el problema más serio del país.Años después, habiendo seguido de cerca la evolución de Echarate, sigo viendo un claro ejemplo de cómo las actividades extractivas contribuyen con el fisco mas no con el desarrollo de los pueblos. Han pasado casi 6 años desde que fui por primera vez a Kepashiato y casi nada ha cambiado.

¿Qué tiene de especial el distrito de Echarate donde se encuentra Kepashiato? Ubicado a 27 kilómetros de Quillabamba, donde se encuentra el pongo de Mainique, con 19,000 kms de extensión, Echarate es el distrito más rico del país.

A pesar de ello, sus 45,357 habitantes carecen cuando menos de un servicio público, su tasa de mortalidad infantil es de 19%, la desnutrición crónica de 36% y la tasa de analfabetismo de 15%. El 93% de su población carece de vivienda adecuada, acceso al agua y servicios higiénicos. El censo del 2007 estableció que el 95% de la población de Echarate no tenía agua; pero hay piscinas y un Palacio Municipal que envidiaría cualquiera de Lima. Como la remuneración del alcalde depende del número de habitantes, el alcalde de Echarate gana 3900 soles y maneja un presupuesto de 684 millones de soles, casi todo producto del canon gasífero.

Echarate podría invertir 15,200 soles por habitante mientras San Isidro 2,200. ¿Qué pasa en el país?

Los recursos naturales sirven para las empresas que los explotan y para el fisco peruano, pero no mejoran la calidad de vida de los pobladores, a pesar de que la lógica del canon es devolver a la región productiva la mitad del impuesto a la renta, para su desarrollo. Pero en esta ecuación, con visos de justicia redistributiva, nadie se ha ocupado de la ejecución del gasto.

Dada la cantidad de dinero fruto de los altos precios de los recursos naturales y del aumento de su explotación, aumentan los ingresos por canon. Y, aunque generalmente los reciben las zonas más necesitadas, no hay capacidad de invertirlos. Nuevamente, la paradoja: pobres de zonas ricas.

El secuestro en Kepashiato no tiene que ver con el canon. Pero si hubiera carreteras, colegios, comunicaciones, hospital y una buena comisaría, la cosa hubiera sido distinta. ¿Quién le pondrá el cascabel al gato y se atreverá a revisar el canon? ¿Quién logrará un país para todos?


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Cecilia Blume

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